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uando aún estamos disfrutando las aportaciones de la revolución digital o tercera revolución industrial, ya nos encontramos en los albores de otra expansión vertiginosa de la tecnología, la cuarta revolución industrial. La revolución digital ha cambiado la forma en que vivimos, trabajamos y nos comunicamos. Ha transformado la economía, la empresa, el puesto de trabajo, en definitiva, el mundo y la sociedad.

Los dispositivos móviles, internet, el cómputo en la nube y la analítica de datos fueron las principales tecnologías que propulsaron la revolución digital. Hoy, internet de las cosas (IoT), la computación a bajo coste, blockchain, la realidad virtual y aumentada, la proliferación de algoritmos y técnicas de inteligencia artificial,… están generando prototipos, productos y sistemas que hace pocos años sólo imaginábamos o veíamos en filmes futuristas: vehículos autónomos, asistentes virtuales que confundimos con personas, sistemas ciber-físicos que controlan redes eléctricas, infraestructuras o procesos de fabricación, …Y además, y como una de las tecnologías más accesibles y consolidadas, los robots software que imitan acciones humanas creando lo que denominamos “fuerza de trabajo virtual”.

En sus inicios, robotizar fue principalmente utilizar software para imitar las acciones que una persona realiza en su puesto de trabajo. Los robots emplean el interfaz de usuario de los sistemas para capturar datos y operar aplicaciones existentes de la misma forma que lo hacen las personas. Es una tecnología no intrusiva que impacta mínimamente en los sistemas existentes y que cualquier compañía, sea cual sea su arquitectura informática, puede utilizar para automatizar procesos repetitivos que respondan a unas reglas, a una lógica de negocio.

Hoy la simbiosis entre robotización y tecnologías cognitivas: inteligencia artificial, reconocimiento y analítica de textos, procesamiento de lenguaje natural, machine learning, … permite crear “robots inteligentes” que replican capacidades humanas: “perciben” imágenes, sonidos, lenguaje oral, textos, “comprenden” lo percibido, por medio de patrones que distinguen contextos, “actúan” decidiendo acciones y “aprenden” de los fallos y aciertos cometidos. La robotización cognitiva crea puestos de trabajo donde las capacidades humanas y las del robot software se complementan potenciando el ingenio y la creatividad humana. Son puestos de trabajo eficientes que liberan de tareas pesadas para que ese tiempo inútil pueda dedicarse a atender a los clientes, a diseñar y desarrollar nuevos planes, a descubrir oportunidades, …, en definitiva, a generar valor. La robotización democratiza el uso de la inteligencia artificial y la aplica de forma pragmática a tareas habituales como revisar un texto para buscar un dato o un concepto, localizar un objeto consultando diferentes portales web, analizar históricos (pedidos, ventas, visitas, temperaturas de un dispositivo, …), descubrir comportamientos de los clientes, …

El diseño e implantación de un robot individual es una tarea que dependiendo de la dificultad del proceso puede realizarse en unos pocos días o en unas pocas semanas. Pero la robotización integral de una compañía es un proyecto ambicioso, extenso y transformador que cambia las formas de hacer y de gestionar. Frecuentemente, el viaje hacia la automatización comienza haciendo una simple prueba de concepto, desarrollando un primer robot para que la empresa “entienda” la nueva tecnología y sus posibilidades. En cada área de gestión existen muchos procesos automatizables, pero deben priorizarse aquellos que presenten un mejor ROI, o aquellos que mejoren de forma sustancial un servicio o la capacidad y calidad de gestión de un puesto de trabajo.

Es muy recomendable que un proyecto de robotización siga una ruta óptima y escalonada. Esta ruta se define detectando las oportunidades de automatización más relevantes, priorizando estas oportunidades con un análisis multicriterio que considera los impactos en productividad y calidad, así como el posicionamiento del proceso en el flujo de trabajo. Los retornos de inversión que se consiguen permiten en ocasiones definir proyectos autofinanciables en los que los ahorros generados por los primeros robots costean los sucesivos.

La correcta y completa detección de los procesos automatizables se torna complicada cuando concurren desconocimiento, dispersión u opacidad. Encontramos empresas con departamentos que impulsan y promueven de forma entusiasta la robotización y otros departamentos que la rechazan. Detectar y calificar los procesos automatizables es un ejercicio de consultoría que requiere experiencia y una metodología especializada. Para facilitar esta tarea, las herramientas de process mining detectan de forma automática los procesos, los modelan y de forma precisa evalúan el impacto de su automatización. El futuro próximo de estas herramientas apunta a una generación automática del código del robot. Aunque a priori esta función parezca ambiciosa y compleja seguro que simplificarán las labores de desarrollo.

Algunos planteamientos comerciales presentan la robotización como una tecnología muy simple, que requiere poco más que una breve formación. Este mensaje es erróneo y perjudica el impulso de la robotización. Genera falsas expectativas y proyectos fracasados. La automatización de un proceso simple y aislado es accesible a cualquier técnico con una formación básica, pero la robotización de una compañía requiere amplia experiencia y profundos conocimientos en una variedad de disciplinas y tecnologías que sólo un equipo multidisciplinar puede garantizar.

Devol es una compañía especializada única y exclusivamente en robotización. Los profesionales de Devol forman un equipo multidisciplinar en continua formación, reuniendo las capacidades para prestar todos los servicios del ciclo de vida de un proyecto de automatización. En Devol pensamos que la robotización es una tecnología que ha venido para quedarse y que las compañías más eficientes serán aquellas que respalden el talento de su plantilla con la inteligencia de una fuerza de trabajo virtual.